lunes, 24 de mayo de 2010

Bombillas de bajo consumo: ¡no gracias!


  • La moda “pseudo-ecológica” que pretende la implantación de un uso universalizado de este tipo de iluminación no obedece a criterios de racionalidad, presentando estos dispositivos numerosos inconvenientes:
  • Lentitud. No son óptimas para sitios de paso que se encienden y apagan frecuentemente.
  • Se estropean con mucha facilidad sobre todo si se encienden y apagan mucho
  • Son mucho más caras que las bombillas incandescentes
  • El mecanismo que genera el encendido consume de golpe una cantidad importante de energía eléctrica. Dicho gasto resultará compensado por el bajo consumo que requiere el mantener la iluminación activada. Así que la reducción de consumo energético será inversamente proporcional al número de encendidos y directamente proporcional al tiempo que necesitemos que permanezca encendida la lámpara (aunque esta reducción del consumo final, por el bajo consumo que requiere el mantener la lámpara encendida, se estabiliza tras cierto número de horas de activación ininterrumpida, a partir de las cuales ya no se puede reducir más). Por lo que, un encendido y apagado repetido, para obtener tiempos de iluminación no prolongados suficientemente, harán que este tipo de alumbrado resulte más costoso, mientras que resultará rentable para espacios que deben de permanecer continuamente iluminados.
  • Son sensibles a la temperatura de funcionamiento. Si se meten en un plafón cerrado duran mucho menos.
  • La calidad de la luz es mala, cansando más a la vista que las incandescentes.
  • No son aptas para concentrar mucha luz en un punto determinado
  • Dado que la luz que producen emite radiaciones ultravioletas dañinas, es necesario fabricarlas con determinadas pinturas protectoras que filtren dichas radiaciones. De manera que es importante que estén fabricadas con materiales de calidad y que se sometan a ciertos controles, para que podamos estar tranquilos de su completa inocuidad.
Son altamente contaminantes y peligrosas para el medio ambiente (contienen mercurio -entre 2’5 mg y 8 mg por lámpara-, entre otros componentes poco recomendables), por lo que hay que evitar, a toda costa, el que se rompan; y deberían depositarse en contenedores de recogida selectiva especiales, que en este momento sólo existen en el interior de algunos comercios especializados (aunque no se tiene muy en cuenta el peligro de ruptura y se gestionan normalmente de una forma absolutamente desastrosa). Debido a ello, tanto el Ministerio Británico de Medio Ambiente, como la EPA (Agencia Ambiental Estadounidense), recomiendan tomar las siguientes precauciones:

Si se rompen, hay que evacuar a las personas de la habitación durante un cuarto de hora como mínimo y ventilar dicha estancia. No se debe utilizar una aspiradora automática para recoger los restos y hay que evitar inhalar el polvo. Se recomienda el uso de guantes para recoger los restos de la bombilla, y como se trata de un residuo tóxico, se debería trasladar, en una bolsa o dos selladas adecuadamente, a un punto limpio del municipio donde se encargarán de su reciclaje.


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